La problemática de los fertilizantes sintéticos.

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La agricultura convencional ha abusado de la aplicación de fertilizantes sintéticos desde hace décadas; inicialmente dicha aplicación contribuyó al aumento de rendimientos de los cultivos, provocando un incremento en la producción de alimentos en el mundo; hoy en día presenciamos las consecuencias.

Existen diferentes tipos de fertilizantes, desde los sintéticos y los inorgánicos o los abonos orgánicos y biofertilizantes. Los fertilizantes sintéticos son nutrientes elaborados por el hombre generalmente de origen mineral o sintético, p.e urea, ácido fosfórico, nitrato de postasio, entre muchos otros. Mientras que los fertilizantes orgánicos  están elaborados con insumos vegetales o formulados con uno o varios microorganismos benéficos (hongos y bacterias principalmente),  los cuales aumentan la disponibilidad de nutrientes para las plantas y el contenido de materia orgánica en el suelo.

El uso excesivo de fertilizantes en fuentes granuladas o de origen sintético tiene un efecto negativo en los suelos y aguas subterráneas, contaminando sistemas acuáticos y de pozos de agua, usados para consumo humano y riego; también las pérdidas gaseosas como volatilización y desnitrificación contribuyen a la contaminación ya que los suelos dedicados a la agricultura emiten una gran cantidad de óxidos de nitrato (NOx) en la atmósfera, gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global actual.

En el caso específico del suelo, los impactos negativos por el uso indiscriminado de fertilizantes de origen sintético, plaguicidas y otros productos sintéticos son: 

  • Variación en el pH.
  • Deterioro de estructura y microfauna.
  • Degradación reflejada en la disminución de la fertilidad.
  • Suelos disminuidos en su capacidad de producción.

Ante esta problemática, son necesarias nuevas tecnologías que permitan incrementar el uso eficiente de los fertilizantes y otros insumos. Además, la contaminación del aire, así como la limitada disponibilidad de agua y suelo, obligan a que la agricultura tradicional sea más eficiente y productiva, replanteando sus esquemas de fertilización, a través del manejo de los residuos del cultivo y el aporte de abonos orgánicos, usando tecnologías modernas como es el uso de biofertilizantes y fertilizantes orgánicos elaborados a base de aminoácidos, ácidos húmicos y fúlvicos, algas marinas u hongos benéficos como micorrizas,  estos pueden presentar grandes ventajas como una producción a menor costo, protección del ambiente y aumento de la fertilidad y biodiversidad del suelo.

Actualmente se usan con mayor frecuencia en la agricultura orgánica, sin embargo, es factible y recomendable aplicarlos de manera integral en cultivos intensivos del sistema tradicional, ya que minimizan los impactos de la fertilización convencional y contribuyen con la  agricultura sustentable.

Por último, recomendamos revisar las fuentes de estos insumos, recordar que la eficacia de su aplicación dependerá de una adecuada formulación y dosificación, así como del conocimiento de sus requerimientos nutricionales y ambientales.


Bibliografía:

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